Conflicto México-Bolivia desde que avión militar mexicano irrumpe en espacio aéreo boliviano

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El origen del conflicto México-Bolivia surge desde el momento en que, bajo cualquier pretexto que se quiera argumentar, un avión militar mexicano viola o irrumpe – como quiera decirse – el espacio aéreo boliviano, aprovechando un vació de poder, tras la renuncia de Evo Morales, sin perder de vista, que lo recoge en una zona boliviana, caracterizada por ser productora de coca donde el expresidente Evo Morales, tiene propiedades productoras de Coca y que en aquel país es legal, lo que habría que ver aún, es, si esa producción tienen como destino, el mercado legal o en el mercado ilegal de otros países. Ello ya es tema de litigio internacional que se ha minimizado. Sumado a la declaración precipitada del Presidente Obrador de comunicar que México asilaría al presidente depuesto, sin esperar a que se diera a conocer por parte de Evo Morales si en realidad él solicitó asilo a México o fue México quien oficiosamente por algún motivo que aún desconocemos, ofreció el asilo sin antes ser solicitado, desde ahí, está el error diplomático de México, lo que sin duda se interpreta como injerencia en los asuntos internos de Bolivia.

La escalada de las relaciones diplomáticas llevó a la declaración de “non grata” a la embajadora en Bolivia María Teresa Mercado, una diplomática de carrera en el servicio exterior mexicano, cuya trayectoria es anterior al arribo de López Obrador a la presidencia. La embajadora María teresa Mercado, es la primera diplomática mexicana declarada “non grata”. En lo revisado hasta el momento, ni en la segunda guerra mundial, ni en el caso de Etiopía, ni en los golpes de Estado sufridos por otros países hermanos en todo el mundo, con quien México llevara relaciones diplomáticas, en lo revisado hasta el momento, no se encuentra precedente, en el que un diplomático mexicano fuera declarado persona non grata, que por otro lado, sí hay el antecedente de que México declarará “no grato” a algún diplomático de otro país, como fue el caso en 1927 a Joel Roberts Poinsett  de Estados Unidos, declarado entonces persona non grata – por cierto como anotación al margen, él dio a conocer la flor mexicana de Noche Buena en Estados Unidos, y allá lleva su nombre “poinsettia” – No hay registro en los anales de la historia diplomática mexicana, aquí valdría la pena entender, que declarar non grato a un embajador, no necesariamente significa el rompimiento de relaciones. En el lenguaje diplomático, sin embargo, no deja de ser un mal precedente para el país, no para la persona.

La crisis de las relaciones, México Bolivia, ha entrado en una escalada sin precedente, desgraciadamente el estilo del presidente mexicano ajeno a todo protocolo diplomático, ha llevado las relaciones a este punto.

En primer lugar el adelantarse y declarar que se ofreciera asilo al presidente Evo Morales no forma parte del lenguaje diplomático, lo correcto habría sido realizar todas las acciones destinadas a brindarle asilo, sin necesidad de publicitarlo y presumirlo en los medios internacionales, además, debió esperarse a que fuera por parte del gobierno depuesto de Bolivia quien declarara su intención de asilarse en México, pero no fue así, lo que significó de alguna manera vulnerar los tratados diplomáticos y violentar los propios principios mexicanos de no intervención en los asuntos internos de otros países, así de simple, sin necesidad de haber lo dicho, nos habríamos ahorrado la acusación de intervencionismo en los asuntos del pueblo boliviano, tema que se complicó, como ya mencionamos, con el ingreso de un avión militar a espacio aéreo boliviano y que también alteró la armonía en los países vecinos de la región, actitud reprobable y que no imagino, si hubiese sido el caso de que el espacio aéreo mexicano, fuera violado por alguna aeronave extranjera.

No obstante eso, las declaraciones de la embajadora en un principio fueron altaneras y retadoras al gobierno boliviano. Además, desde Palacio Nacional el Secretario de Relaciones Exteriores Marcelo Ebrard calificó como “gobierno de facto” – mal calificativo en voz de un canciller – y agregó, que si fuese necesario acudiría a las instancias internacionales para denunciar a Bolivia, el gobierno mexicano lo haría, desde luego eso no es un lenguaje diplomático, menos declarándolo desde Palacio Nacional y apoyado por el Presidente de la República, más que diplomático, sonó a balandronada y amenaza velada – por decir lo menos – distante del lenguaje diplomático.

Desde ahí se enrareció el entorno diplomático, entre ambos países. Si a esto sumamos el pronunciamiento del presidente Obrador, cuando emitió su opinión sobre la presidencia de Evo Morales y la entrega de las llaves de la ciudad por parte de la jefa de gobierno de la ciudad de México a un exiliado político, querámoslo o no, desde cualquier punto de vista, es un pronunciamiento, en favor de un protagonista de una lucha o enfrentamiento de un país ajeno a México y ello no puede dejar de llamarse intervencionismo en el contexto internacional.

Dos elementos marcan la dirección de las relaciones México con Bolivia, el asilar a personajes del gobierno de Evo Morales en la embajada mexicana no pasaría de ser simplemente el cumplimiento de las disposiciones diplomáticas apoyadas en los tratados de Viena en la materia. México estaría en su derecho de otorgar asilo a quien lo solicite y por su parte el gobierno de Bolivia también estaría en su derecho de proporcionar o no los salvoconductos a los pretensos asilados en alguna embajada. Ya hubo casos, en su momento, como fue el del expresidente de Argentina Héctor J Cámpora, quien permaneciera poco más de tres años en la embajada sin salvo conducto para abandonar su país, al que finalmente por razones de salud le autorizaron y fue a morir en la ciudad de Cuernavaca Estado de Morelos en México. También fue el caso del líder peruano, de la Alianza Popular Revolucionaria Americana APRA Víctor Raúl Haya de la Torre, quien en 1923 fuera invitado a México, por José Vasconcelos, con quien se desempeñó como su secretario particular, en la Secretaría de Educación Pública, años después regresó a su natal Perú y luego de la llegada a la presidencia José Luis Bustamante y Rivero, se mantuvo asilado en la embajada de Colombia en Perú, durante seis años, tiempo durante el cual, el gobierno de Lima, no le otorgó el salvoconducto para abandonar su país. Y el reciente caso del escándalo de Julian Assange, quien por no contar con un salvoconducto necesario para salir del país y amenazado por Estados Unidos, permaneció asilado y recluido durante sinte años, en la embajada de Ecuador en el Reino Unido.

Lo que sí es evidente y hay que insistir en ello, que lenguaje utilizado por el cuerpo diplomático Mexicano no ha sido el más adecuado, el canciller mexicano sugirió, en un intento de suavizar las negociaciones, que el subsecretario hablara con el canciller boliviano. Uno de los principios que rigen la relaciones diplomáticas es el principio de reciprocidad, no es admisible desde ningún punto de vista, que el canciller Ebrard pretendiera, que la canciller de Bolivia negociará con un subsecretario. La diplomacia se basa en la reciprocidad. Y obviamente el gobierno de Bolivia tuvo que enmendarle la plana al canciller mexicano, para recordarle que la única forma de establecer comunicación, sería directamente con él, no con un subordinado, eso lo interpretó el gobierno de La Paz como un gesto de desprecio a la relaciones de ambos países.

Los mexicanos debemos admitir que el trato al gobierno de Bolivia no ha tenido las cualidades de reciprocidad y respeto que se deben dos países hermanos, es reclamo de Bolivia, inclusive también a España, por el intento que tuvo el gobierno español a través de su cuerpo diplomático, destacado en Bolivia de pretender rescatar de la embajada mexicana a uno de los protagonistas del gobierno de Evo Morales Juan Ramón de la Quintana, intento burdo y fallido, arribando a la embajada mexicana con personal encapuchado en vehículos diplomáticos, lo que provocó el inmediato reclamo del gobierno de Bolivia.

Otro tema que no se debe de minimizar, es la llegada al gobierno de la actual presidenta de Bolivia, Independientemente de su legitimidad cuestionada lo que podemos decir los mexicanos: que si está apoyada por los Estados Unidos; que si ella llegó mediante una sesión en su cámara de Senadores que no contaba con el quórum legal indispensable; que si la presidente actual es apoyada por otros gobiernos; que si restituye el Estado derecho entrando al palacio de Bolivia, con una biblia y argumentando el retorno de la biblia al gobierno, que sumado a las actitudes de reelección de Evo Morales, ambas acciones son contrarias a los principios que rigen a México, como es el sufragio efectivo no reelección y la separación del Estado y la Iglesia, aún valorando ambas acciones, México o cualquier mexicano o extranjero, que se pronuncien sobre el tema, resultan, incuestionablemente intervencionistas, donde solamente los bolivianos pueden decidir.

La solución del conflicto esta en ceñirse a las reglas de la diplomacia, su lenguaje y actitud, sin posturas que puedan interpretarse como injerencistas y recomponer así la relación con Bolivia y la región, que quedó lastimada por el ingreso de un avión militar en la región y el precipitado asilo de Evo Morales. Y no importa si las relaciones comerciales o todas entre ambos países sean mínimas, es un país igual que México, merece el mismo trato a los demás, igual que lo exigiría México, a la comunidad internacional, no hacerlo así seria incongruente con los principios defendidos por México en su tradición diplomática.

                            sadot16@hotmail.com

@Eduardo Sadot