Consecuencias de seguridad

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La detención en Estados Unidos del exsecretario de seguridad, Genaro García Luna, fue un proceso largo de seguimiento, en donde se le imputa haber recibido sobornos de la delincuencia y en el que podría haber complicidades de alto nivel.

Nuevamente mientras la justicia norteamericana hace el trabajo que no puede, o no quiere la justicia mexicana, aquí en México tenemos problemas heredados por la presunta complicidad con delincuentes.

Según la encuesta ENVIPE del INEGI, en 2018 se cometieron unos 33 millones de delitos con una cifra negra del 95 al 97 por ciento. De este 5% o 3% solo unos 130 mil delitos llegan a sentencia.

Además, el empeoramiento de la seguridad en el país, en la que casi diario sabemos de enfrentamientos, asesinatos de civiles o formas de sometimiento dirigida a la población civil, son las que le dan la razón al Departamento de Estado norteamericano, para emitir recomendaciones de seguridad a sus connacionales.

En sus advertencias de viaje el Departamento de Estado señala que la delincuencia en México es “generalizada” en delitos como homicidios, secuestro y robos.

Entre las entidades federativas incluidas en su advertencia de viaje, se encuentra Colima, Guerrero, Michoacán, Sinaloa y Tamaulipas, sugiriendo que no viajen a las anteriores entidades. Mientras que, para Chihuahua, Coahuila, Durango, Jalisco, Estado de México, Morelos, Nayarit, Nuevo León, San Luis Potosí, Sonora y Zacatecas el exhorto es a reconsiderar a las anteriores entidades.

Esta versión recargada de las certificaciones que Washington otorgaba en la década de los 80’s, vienen con una carga de mensajes que expresan la preocupación por los temas de seguridad de la agenda bilateral.

Más allá de una interpretación maniquea de la seguridad, cabe la pregunta en este momento: ¿cuál es el alcance de la responsabilidad de García Luna en las condiciones de seguridad actuales? ¿y cuál es la responsabilidad de la clase política que por acción u omisión han incurrido en corrupción e impunidad?

Sin abrazos de por medio, la visión de seguridad de la presente administración no ha dado resultados, sumado un conjunto de problemas como el soborno y corrupción, tal y de lo que se le acusa a García Luna en Estados Unidos, junto con unos procesos jurisdiccionales con vicios, al mantener en prisión a personas por años sin sentencia o por un robo de un animal doméstico o algún producto para comer.

Es posible que el diagnóstico que le ofrecieron al presidente sobre el estado de seguridad del país sea apegado a la realidad, pero las decisiones de política pública que debieran conllevar, no coincide entre uno y otro.

Mientras tanto, en la interpretación de la seguridad persisten factores de fondo, desde el diseño de seguridad y su buen desarrollo, que impactan al interior de las organizaciones de seguridad, que no son atendidos en su conjunto en las políticas públicas y que seguirán siendo las consecuencias de un futuro poco alentador.

El autor es Maestro en Seguridad Nacional por la Armada de México

Correo electrónico: racevesj@gmail.com

Twitter: @racevesj