La expulsión de la senadora Lilly Tellez de Morena, vista desde el realismo político

0
557

Hace unos días, la Comisión Nacional de Honestidad y Justica de Morena resolvió separar a la senadora a Lilly Téllez de su bancada en el Senado. La razón: se había opuesto a un tema que, al menos nominalmente, forma parte de la plataforma de ese partido: la interrupción legal del embarazo.

Esta noticia movió a la opinión pública, fundamentalmente en torno a la postura personal de la senadora, aplaudiendo lo que muchos ven como un acto de congruencia. Otros tacharon al partido de intolerancia y condenaron el hecho como “estaliniano”. Sin embargo, la emotividad del debate no está dejando ver algunos asuntos de fondo, los cuales pueden ser más interesantes. Vayamos por partes.

En primer lugar, los grupos parlamentarios requieren de márgenes de disciplina predecibles, particularmente en algunos temas que son reconocidos por sus votantes como esenciales. Es decir, si el partido se divide en esos asuntos, los votantes suelen perderle confianza y eso se traduce en una disminución de votos en la siguiente elección. Esas infracciones suelen castigarse con medidas que van desde la amonestación, veto ante intento de postularse para otros cargos hasta la expulsión. Ahora bien, este recurso extremo no debe invocarse para cualquier cosa, pues también la ciudadanía está a la expectativa de los problemas internos de un partido para ratificar o no su apoyo.

Aunque el tema de la interrupción legal del embarazo, hablamos de un asunto altamente visible porque mueve emociones tanto a favor o en contra, pero que a final de cuentas es decidido desde los estados hasta el momento. Y es ahí donde la cohesión de Morena se resquebraja, como hemos visto en estados como Puebla, Yucatán o Hidalgo. ¿Qué ha sucedido en estos casos? Se puede expulsar a los legisladores de Morena, pero de todas formas suelen irse a los partidos satélite, para no perder niveles de votación. Por lo tanto, la expulsión de la senadora Téllez no puede explicarse por el tema en sí.

Segundo, Lilly Téllez se ha manifestado repetidas veces como “independiente”, aunque llegó a su escaño gracias a la lista de Morena y goza de espacios en comisiones, oficinas y otras prebendas gracias a la adscripción que todavía mantiene. Si bien eso la hace ver incongruente para quienes conocen sobre procedimientos parlamentarios, y bajo esta perspectiva se veía venir un acto disciplinario, es difícil explicarlo ante la opinión pública. Y al parecer le ha parecido más conveniente a Ricardo Monreal no mover este tema; tal vez porque no se ha rebelado en temas de fondo para la agenda del partido. Esto nos lleva al siguiente punto.

Tercero, la decisión de la Comisión Nacional de Honestidad y Justicia de Morena violenta la autonomía del grupo parlamentario. Si bien un partido puede expulsar a legisladores que son consistentemente rebeldes, no incluir a Ricardo Monreal o a Mario Delgado como miembros que deciden sobre estos procedimientos es un atentado a la inviolabilidad de los legisladores y representa un desafío a la autoridad de los coordinadores de los grupos parlamentarios. Todo esto lleva al último punto.

Cuarto, la existencia de un conflicto entre un coordinador de grupo parlamentario y un órgano del partido central refleja la escasa cohesión del instituto político, que tiene que dirimir sus controversias de esa forma. De hecho, es la tercera vez que vemos esto. La primera tuvo lugar a inicios de septiembre, cuando el órgano partidista intervino injustificadamente en un tema interno del Senado: la elección de la Mesa Directiva. La segunda es el caso que hoy analizamos. Y la tercera tuvo lugar el pasado 17, cuando la misma Comisión Nacional amonestó a Monreal por intervenir en la elección de presidenta de la Mesa Directiva, aún cuando se espera que lo haga.

Dejemos a un lado la posibilidad de que, como algunos comentan, Monreal tiene interés en hacer su propio partido: un instituto político que ventila así sus diferencias no es tan sólido como dice que es.

Compartir