Análisis semanal: 16 de diciembre

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Todos los intelectuales –incluso los que dicen serlo, más por pose que por auténticos méritos– son solicitados para emitir alguna opinión política. Sucede en un mundo en el que muchos periodistas basan sus trabajos en declaraciones de alguien considerado relevante.

En el caso de Mario Vargas Llosa, sus opiniones políticas –que deben separarse de su espléndido trabajo literario– han generado distintas polémicas, en ocasiones por la manera que pasa de defender a un régimen como el cubano hasta criticar al mexicano.

Y no es que le falte razón en ocasiones al escritor, pero llama la atención como pasa de un bando a otro sin ningún rubor, sosteniendo ideas que hace años no emitía. Claro que todos cambiamos con el paso del tiempo, pero este es otro detalle del peruano, quien no ha corregido sus opiniones políticas luego de hacer declaraciones.

Actualmente, Vargas Llosa se asume como un crítico del populismo y de las dictaduras, algo que se le puede aplaudir, pero siempre y cuando sea en contra de todas las dictaduras, no sólo de las que le despiertan simpatías como antaño.

Pero ante todo, debemos reflexionar que tanta influencia puede tener un escritor de novelas como parte de las voces que nutren a la opinión pública, pues si por haber publicado un libro se le da más peso que a un investigador académico, algo tenemos que hacer como audiencia en varios temas que deben ser parte del debate público.

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La imagen de la semana

Conspiracy Theory

Por fin se tiene un acuerdo comercial con Estados Unidos y Canadá, algo que el presidente López Obrador ha festejado. Pero no deja de llamar la atención como en años anteriores se decía que era un tratado que empobrecía a los mexicanos y desmantelaba la planta productiva del país, además de tacharlo de instrumento neoliberal.

Muchos de quienes se desgarraban las vestiduras por lo que firmó Carlos Salinas de Gortari en su mandato, ahora defienden un acuerdo que se hizo a instancias de Donald Trump para cumplir con una de sus promesas de campaña.

Y no es el único tema en el cual muchos de los defensores y voceros de la 4T han cambiado de parecer, pues la estabilidad macroeconómica, mantener una inflación baja y déficit bajo del presupuesto en otros tiempos eran calificados como medidas de corte neoliberal y ahora son defendidas y aplicadas por un gobierno que se dice de izquierda y que condena a la menor provocación ese odiado neoliberalismo que tanto practica.

Son cosas que se dan cuando el discurso de campaña sólo responde a intereses inmediatos y abandona la honradez intelectual.