¿Cómo se acaba la pobreza?

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Dos de los economistas nominados para el premio Nobel de este año publicaron un artículo[1] con el título de mi columna en el que analizan por qué unos países crecen mucho y otros no, y si existe una fórmula universal que de aplicarse a pie juntillas se logra crecer más.

Es paradójico que esta era de ruidosas quejas por una supuesta y creciente desigualdad del ingreso y la riqueza, coincida con el más acelerado abatimiento de la pobreza en la historia: entre 1980 y 2016 el ingreso promedio del 50% de los que menos ganan se duplicó, y el número de personas que vive con menos de 1.90 dólares diarios, pasó de 2 mil millones a 700 millones.

Ha habido mejoras notables en la calidad de vida, aún de los más pobres: Desde 1990 la tasa de mortalidad materna se ha reducido a la mitad, y salvo en países en guerra, virtualmente todos los niños acceden a la educación primaria, y la epidemia de SIDA, que parecía imparable, ha venido cayendo desde el año 2000.

Buena parte del crédito de este éxito se debe al crecimiento económico ocurrido, y obviamente las mayores mejoras se registraron en los países que crecieron más, China e India, que ahora confrontan una reducción en su expansión, lo que es causa de preocupación: ¿podrán evitar estancarse?

Los economistas que han pasado toda una vida estudiando la pobreza y el desarrollo, no se han puesto de acuerdo en por qué unas economías crecen y otras no, aunque el común denominador es la imperiosa necesidad de reubicar los factores de la producción, capital y trabajo, hacia los usos más productivos.

Los autores plantean que tratar de hallar las causas del crecimiento es difícil pues están interconectadas. Hay consenso en que la educación es factor esencial para el crecimiento, pero un buen sistema educativo lo promueve un gobierno eficiente que, si lo es, seguramente también lo será en construir infraestructura.

Además, si la economía crece con vigor habrá mayor inversión en educación, por lo que se podría afirmar que el crecimiento promueve la educación y no al revés, lo que hace que encontrar la receta universal para promover el crecimiento económico y adoptar las políticas más apropiadas, resulte complejo.

Es mejor empezar por listar lo que hay que evitar: inflación alta y paridad sobre o subvaluada; sistemas comunistas, como el soviético o el maoísta; intromisión asfixiante del Estado en la economía, como en India y México en los 1970s; e interferir con el mecanismo de precios fijados libremente en los mercados.

Los autores terminan su análisis exhortando a los países que usen los recursos que ya tienen óptimamente, invirtiendo en mejorar sus sistemas educativos y de salud pública, mejorando la procuración de justicia y el sistema financiero, y construyendo buena infraestructura y ciudades con mejor calidad de vida.

¡Ojalá alguien invite a estos economistas a México!

[1] Esther Duflo y Abhijit Banerjee, How Poverty Ends: The Many Paths for Progress and Why They Might Not Continue, Foreign Affairs, January/February 2020.