Morena: la inconsciente responsabilidad de ser gobierno

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Queda la impresión sustentada de que Morena –Movimiento de Regeneración  Nacional– no ha transitado mentalmente de ser partido opositor a ser ya gobierno, a tomar conciencia de que ya lo es. Cabe reflexionarlo por omitirse el tema en el primer  aniversario del ascenso de López Obrador, cuyos votantes no necesitan, por ejemplo, los regaños trasnochados de Francisco Martín Moreno, quien no halla cómo más propinarlos– y sin ellos de todas formas, el partido ya en el gobierno se muestra revuelto y extraviado. Tanto en su desbarajuste de relevo de dirigencia, como en las propuestas que debería de estar defendiendo y construyendo y sencillamente está ausente del debate nacional por sus luchas internas sin sentido ni rumbo y por su incapacidad para formular casi nada.

O es que no ha podido conseguir un programa de acción acorde no solo a constituir gobierno, sino a emprender acciones que casen con sus ideales y marquen una congruencia discursiva, sino que además lo luzcan atinado y con rumbo. Nada más lejos de ser. Si Morena en el gobierno no atiende los temas de seguridad y economía, no asegurará la continuidad que nos jura que alcanzará en 2024. Y no los atiende ni sigue por andar bailando la manzanilla.

A estas alturas hay algo grave: ¿es que en verdad Morena solo es López Obrador? ¿es que no le alcanza los diversos grupos de izquierda que mayoritariamente la conforman? ¿es que se ha atrofiado sin un programa medianamente sólido de gobierno que impacte al gobierno mismo, capaz de adaptarse al combate necesario y urgente contra el estercolero que le dejó el PRI en su peor desempeño histórico? Es pasmosa, atroz la conducta morenista de no conseguir atar lo elemental. Si solo fuera un simple partido opositor, poco habría que objetarle. Y si solo es López Obrador, ¡cuidado! puede extinguirse con aquel.

Morena está en la tesitura, en el trance de demostrar que puede sobrevivir a López Obrador. Si solo fuera él, y la carencia de rostros nuevos delata serlo, comprobaríamos su incapacidad para construir liderazgos, y entonces Morena estaría agotada desde ya.

El partido es joven, aunque ambicioso y aunque provenga de una larga lucha. Efectivo solo a juzgar por haber alcanzado tan pronto la Presidencia si partimos del año de su fundación y si nos centramos en el partido. Ergo. Sus carencias fatales mueven al reprobar su proceder en tantos casos.

No es concebible que Morena ni siquiera pueda elegir a su dirigencia de una manera aseada; es la peor muestra de la tradición rijosa y extraviada de una izquierda violenta y empantanada, fracturada y torpe, que dibuja a Morena muy lejos de ser renovadora. Sobre todo es torpe, pues reproduce los vicios del PRD, por ejemplo. Carta abierta para que su actual dirigente juegue a evadir la realidad: que enfrentan el inevitable desgaste natural por esas acciones y evada sus responsabilidades con las artimañas o artificios que solo dañan a su partido. Yeidckol Polevnsky ha ido demasiado lejos y contra su partido. Siendo gobierno ya no puede darse esos lujos.

Morena no puede seguir dando la peor cara de un partido faccioso y desorganizado, incapaz de alcanzar acuerdos, incapaz de resolver sus asuntos internos. Uno donde las asambleas son un cochinero que socava la fuerza partidaria y evidencia la vaciedad de ideas y propuestas. Un partido al que el Tribunal Electoral del Poder Judicial d ela Federación anula sus asambleas por contar con un padrón insondable. Ni que fuera el PRI. Si el Tribunal anuló sus elecciones internas renovadoras de sus asambleas con miras ala nacional dela que debería ya de haber salido un nuevo dirigente, base de la renovación de sus cuadros, entonces la cosa no va bien.

El mensaje enviado a la sociedad es que priva un desorden de tal calibre, que solo garantiza la mediatización del partido y le causa un daño muy grave. Ya se había superado la desunión en torno a López y con López, pero queda pendiente si superar las divisiones internas les será posible. Que lo tomen en cuenta: su desbarajuste hasta hacer parecer mejores al PRI o al PAN. Así de grave.

Después de todo el partido no puede ser un solo hombre y esto le ha pasado a Morena. Queda que sus gobernantes, los que han llegado a puestos de elección popular sobre todo en estados y municipios, el que demuestren capacidades tales que no sean solo aquello que sus adversarios han dicho: que llegaron por el efecto López Obrador y no por méritos propios. Hay de los dos. Habrá los que sí y los que no los consigan demostrar.

En cuanto al gobierno federal, acusado de carecer de una agenda, se lo nota desenchufado de Morena. Y a Morena desenchufada del gobierno federal. Van como dos entes completamente ajenos. La consecuencia para aquel es percibírsele desorientado, extraviado. Para Morena, en mostrarse sin agenda definida y revuelta en guerras intestinas que mandan un doble mensaje atroz a la sociedad: hay incapacidad de construir acuerdos y se evidencia que se carece de un programa efectivo con altura de miras para atender los grandes problemas de México, internos y externos. Y eso no es lo ofrecido a los electores en 2018. Y así va la cosa, pues gracias a todo lo expuesto Morena no está defendiendo sus principios ni sus objetivos a alcanzar. Eso no es positivo.

De poco sirve, como se expresó en la entrega anterior, que el presidente López Obrador llegue con un 68 % de aceptación a su primer año, el puntaje más alto de los presidentes en tal situación en lo que va del presente siglo, en su primer año, si su partido no parece capitalizar ese éxito ni a su persona, si carece de un proyecto de gobierno, más definido y más incluyente.

Ahora, no se vayan a adornar mucho los priistas con este panorama tan desolador. Veamos: es verdad que el PRI siempre ha presentado a la sociedad el cuadernillo más completo, si se trata de un programa de gobierno y acciones a emprender. Nadie le gana. Le queda siempre tan bonito….De eso a cumplirlo, ya es otro cantar, quedándonos siempre todo a deber y eso mata su aparente mérito. Es que otra cosa es que ese cuadernillo se quede en el escritorio y la cueva de ladrones que resulta siempre ser el tricolor, haga de las suyas. Así, comprenderá el lector, que no ayuda tener el mejor programa en el papel. Morena podría ser mejor. Por eso, al no concretar lo que en teoría propone, el PRI perdió la Presidencia otra vez. Que Morena tome su parte, porque si aquel es una cueva de ladrones, este otro partido, Morena, anuncia ser una cueva de extraviados. De momento.