Clausewitz en el gabinete de seguridad

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Para Diego Valadés, por su merecido

Premio Nacional de Artes y Literatura

Todo gobernante y sus principales colaboradores deben tener, como condición obligatoria, un pensamiento estratégico. Y entre las principales lecturas de todo alto funcionario debe estar, además de las ya conocidas, el libro De la guerra, de Karl von Clausewitz, publicado por su esposa en 1832.

La tesis central de Clausewitz es de sobra conocida: la guerra es la política por otros medios. Por tanto, la reciprocidad entre guerra y política es la tarea esencial de los estadistas. La gran lección que dejó el prusiano en su texto básico en estrategias militares y políticas es el hecho de que la paz es consecuencia de una guerra ganada.

La estrategia de seguridad pública-interior del gobierno lopezobradorista se basa en la construcción de la paz, abandonado la guerra declarada contra las organizaciones criminales por los gobiernos de Calderón y Peña Nieto. Es decir, que se trata en esta lógica de dos estrategias separadas, cuando en realidad Clausewitz sigue siendo insuperable en su tesis central: la guerra como un acto político de Estado para su sobrevivencia.

El término política es usado por Clausewitz no como competencia de partidos, sino como sinónimo de conservación de los Estados en competencia contra otros Estados. En este contexto vale la pena revisar algunos de los pronunciamientos del estratega prusiano:

–La guerra constituye un acto de fuerza que se lleva a cabo para obligar al adversario a acatar nuestra voluntad.

2.- Muchos espíritus dados a la filantropía podrían fácilmente imaginar que existe una manera artística de desarmar o abatir al adversario sin excesivo derramamiento de sangre. Se trata de una concepción falsa. En temas tan peligrosos como es el de la guerra, las falsas ideas surgidas del sentimentalismo son precisamente las peores.

3.- La guerra sigue siendo un medio serio para alcanzar un objetivo serio.

4.- La guerra es un acto político.

5.- Si es cierto que la guerra tiene su origen en un objetivo político, resulta que ese primer motivo debe conducir la guerra.

6.- La política, por tanto, asumirá un papel en la acción total de la guerra y ejercerá su influencia continua sobre ella.

7.- La guerra es una mera continuación de la política por otros medios.

8.- La guerra no constituye simplemente un acto político, sino un verdadero instrumento político.

9.- El propósito político es el objetivo, mientras que la guerra constituye un medio y nunca el medio cabe ser pensado como desposeído del objetivo.

10.- Todas las guerras deben ser consideradas como actos políticos.

11.- La política es la inteligencia del Estado personificado.

12.- El primer acto de discernimiento, el mayor y el más decisivo que llevan a cabo un estadista y un jefe militar es el de establecer correctamente a clase de guerra en la que están empeñados y no tomarla o convertirla en algo diferente de lo que dicte la naturaleza de las circunstancias.

13.- En una guerra las fuerzas militares enemigas deben ser destruidas, el territorio debe ser conquistado y la voluntad del enemigo debe ser sometida.

14.- Si el término política no es entendido como un conocimiento amplio de la situación, sino como la idea convencional de una añagaza cautelosa, astuta y hasta deshonesta contraria a la violencia, es en este caso cuando el último tipo de guerra correspondería, más que al primero, a la política.

Es cuanto.

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