Primer año: Fuegos artificiales o autocrítica

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Pues no sé ustedes pero aprovechando que se cumple el primer año del cambio de gobierno, no estaría de más que por el bien de todos Andrés Manuel López Obrador dedicara un espacio a la autocrítica.

Los tiempos no están para hacer fiesta.

Porque los vientos huracanados que han desdibujado el interesante proyecto político que permitió una nueva alternancia del poder en México, podría terminar en una gran decepción nacional. Y no es exageración.

Esperar que las malas noticias acumuladas en los últimos meses desaparezcan el primero de diciembre por obra y magia de una arenga de autojustificación, es iluso y hasta ocioso. 

La estrategia de comunicación del presidente López Obrador hoy está agotada y le urge un apretón de tuercas. Las mañaneras no sirven de mucho pues lo que se espera son soluciones y respuestas a los problemas del país y no frases desgastadas como «tengo otros datos». 

Las redes sociales han dejado de ser benditas y aunque las campañas terminaron hace mucho tiempo, la guerra política y la polarización se mantienen como estrategia rupturista, estás conmigo o en mi contra.

Esto ha propiciado un fenómeno que nunca antes hubiéramos  imaginado, la pérdida de respeto a la figura presidencial. 

En este contexto difuso y confuso, parece que se perdió la capacidad genuina de una convocatoria a la unidad nacional.  Hoy experimentamos un terrible malhumor social. Somos los mismos mexicanos pero divididos y confrontados.

Echarle la culpa al que estuvo antes o al que está al lado, tampoco ayuda mucho a la 4T que no deja de ser una alegoría y que puede convertirse en una leyenda sexenal, un fantasma de Palacio.

Prometer no empobrece

Todos aplaudimos la promesa de que acabarían con la corrupción pero, cuántos corruptos están en la cárcel, es pregunta. En seis meses habrá resultados en el tema de inseguridad, prometió, hoy la realidad dice que no ha sido así.

Si a los ex presidentes se les cuestionaba que incurrían en el síndrome de la Chimoltrufia, porque como dicen una cosa dicen otra, este fenómeno se repite. Y en redes sociales es habitual encontrar tuits de declaraciones lapidarias que hoy ya en el gobierno se convierten en espadas de doble filo. “Siempre hay un tuit”. 

La confrontación cotidiana del Presidente de la República con los medios de comunicación y los periodistas nacionales y ahora extranjeros se convirtieron en un callejón sin salida.

La relación con los medios se ha llevado a un terreno fangoso y le da otra vez sentido a la frase juarista: “para mis amigos todo, para mis enemigos la ley”. 

Contra los adversarios y los periodistas trato duro, contra los criminales abrazos no balazos. En el contexto internacional se refieren al presidente mexicano como un político cuya política de abrazos no balazos es una política de cuento de hadas.

¿Y la agenda nacional? 

Analistas que se identifican como simpatizantes del gobierno lopezobradorista, reconocen que hoy el crimen organizado marca la agenda del país. 

Una cadena de eventos desafortunados le quitó al presidente la prerrogativa de marcar la agenda nacional. Y eso es grave. Muy grave.

Además de los episodios de horror de los últimos meses, incluida la aborrecible masacre contra la familia LeBarón, hará que 2019 rompa el récord del año más violento en nuestro país. 

Por eso las declaraciones de que la estrategia está funcionando y de que vamos bien, choca con el tono ocre de la realidad.

En lo económico se desvanecieron en muy poco tiempo las expectativas que había del crecimiento. Hoy la desaceleración de los mercados externos han logrado una combinación letal con el inmovilismo interno en términos de inversión productiva.

El más reciente ajuste a las expectativas del crecimiento, de Citibanamex, fue de 0.1 por ciento, que como bien diría Jonathan Heath, en términos redondos significaría cero crecimiento. O sea, nada.  

Al presidente se le ve muy incómodo en las mañaneras. Parece que ya dieron de sí.

Muchas de las declaraciones se ven como cajas chinas, distractores, temas para salir del paso. Y si no recuerde el pasado fin de semana el tuit que invocó al fantasma de un “golpe de Estado”, un  tema que parece sacado de los manuales de las anticampañas y que John Ackerman había puesto en el tapete apenas en julio cuando habló de la trama de un “golpe de Estado blando” contra AMLO. ¿Pues quién es el Maquiavelo de petatiux?

Pero luego el propio jefe del Ejecutivo admitió que su alerta antigolpista fue motivada por el “imprudente” discurso del General Carlos Gaytán Ochoa, la voz de los militares que se sienten “agraviados y ofendidos”.  Pero ojo, el discurso del general Gaytán nunca lo cuestionó el general titular de la Sedena, Crescencio Sandoval.

Secretarios florero

A un año así se ve parte del gabinetazo de la 4T.

Alfonso Durazo, es una pieza agotada… hoy nadie le cree. Parece que no está informado ni le informa a ya saben quién.

Olga Sánchez Cordero, cero a la izquierda, papelazo en la exhibida apoyando a Carlos Bonilla. La ex ministra perdió mucho del respeto que le tenía. La Segob dejó de ser la Secretaría de los asuntos internos.

Marcelo Ebrard es ajonjolí de todos los moles. Pero el funcionario más sólido y aunque no le guste a Monreal, ya se apuntó como el heredero del trono celestial.

Por cierto, ¿recuerda usted el nombre de la secretaría de Economía?

Napo Gómez Urrutia quiere el pastel completo, ser el Fidel Veláquez de la 4T y de paso secretario del Trabajo. Guerra de vanidades. 

Si los estrategas de la 4T se empeñan en festejar lo que no existe en el primer año de gobierno, será más de lo mismo, una mala señal para lo que viene.