Expectativas, votos y lo que está en juego

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Las elecciones federal de 2021 no han merecido, aún, la atención necesaria, pero se trata de unos comicios en los que estarán en juego no sólo la renovación de la Cámara de Diputados y 14 gubernaturas, sino también el voto tradicional que se da en apoyo o como censura al gobierno federal en turno. La votación podría ser afectada por una crisis de expectativas debido al desempeño que ha tenido la administración lopezobradorista en temas como seguridad o economía, aunque hay que mencionar que la oposición no se ve que tenga rumbo para competir en dicho proceso electoral.

Desmenuzando el voto

Como sabemos, todo proceso por medio del cual el ciudadano toma la decisión de por quien votar depende una serie de factores, como es el emocional o lo que percibe como eficacia o incapacidad del gobierno en turno en temas tan específicos como la seguridad pública o cuanto dinero tiene en la bolsa.

Para 2021, una dura prueba para el lopezobradorismo, asistiremos a una campaña en la que se pondrá en juego no la simple elección de 500 diputados federales, 14 gobernadores y demás puestos de elección, sino la viabilidad del lopezobradorismo como nueva élite política que detenta el poder.

A su favor tiene no sólo el aparato de propaganda que le ha funcionado a lo largo de tres elecciones presidenciales, con un liderazgo consolidado y carismático, sino que en ese año podría empezar a cosechar los frutos de los programas sociales que ha implementado y que podrían incidir en el resultado electoral.

Además juega a su favor una oposición que sigue dispersa y sin poder encontrar a un líder que pueda hacer el contrapeso para competir con el presidente.

Pero en contra tiene temas como la seguridad pública con índices de ilícitos que no han disminuido –salvo escasas excepciones–, una economía que está entrando en recesión –por los indicios que se han reportado– y problemas al interior de Morena –en especial en su proceso para renovar su dirigencia nacional– que pueden acabar con aquel discurso de que “no somos iguales” a los demás partidos. El gobierno de Donald Trump también podría ser un factor en contra, aunque es algo difícil de evaluar dada la incertidumbre que el propio mandatario estadounidense genera, en parte por un incierto resultado electoral el año entrante.

También pesarán los despidos que se han dado en la burocracia federal, los errores cometidos en asuntos como el abasto de medicinas o los recortes a la investigación científica y becas de estudiantes en el extranjero.

Pero a su favor tiene la detención de miembros del gabinete pasado vinculados a casos de corrupción, en lo cual se tiene una cantera muy buena para reforzar el discurso que ayudó a ganar la votación de 2018.

Tampoco hay que dejar de lado lo que harán los gobernadores de las entidades que renovarán a sus ejecutivos estatales, pues al menos en el caso del PAN buscarán retener las posiciones ganadas y no ceder ninguna a Morena.

Quizá el PAN –si logra dejar de lado sus conflictos internos– pueda aprovechar el desencanto que un sector de la ciudadanía tiene en contra de López Obrador –por decisiones como la cancelación del aeropuerto en Texcoco o la liberación de Ovidio Guzmán López–, y si logra coordinar una plataforma para sus candidatos con el apoyo de sus gobiernos estatales y sus bancadas legislativas federales, podría recuperar terreno y conservar entidades como Querétaro o Baja California Sur.

No se ve a otro actor político –como el PRI o el PRD– que puedan competir en contra de Morena y sus aliados –el PT y el PVEM–, por lo que se podría esperar un frente amplio con agrupaciones empresariales, sociales y algunos líderes de opinión en el que el blanquiazul busque encabezar la iniciativa.

Pero existe otro problema con el que tendrá que lidiar la oposición. Si bien López Obrador no estará en la boleta, es innegable que seguirá pesando en el ánimo ciudadano y será un factor que incline el voto a favor de los candidato de su movimiento. No se aprecia como contrarrestarlo, en especial cuando sus adversarios se empeñan en seguir fórmulas pasadas que han dejado de surtir efecto entre los votantes, por lo que volverlo a acusar de ser un “peligro para México”, marcará la derrota anticipada de quien quiera competir con él.

Así, sin un líder que sirva de contrapeso y sin encontrar el rumbo, la oposición se reducirá a un panismo que buscará desesperadamente aliados sin encontrar la fórmula para vencer a un lopezobradorismo que se mantiene confiado no sólo por tener el sartén por el mango, sino porque el equipo contrario no atina a tener una alineación confiable para el crucial partido.

Si esto fuera fútbol, estaríamos a punto de presenciar un encuentro entre un Veracruz –con problemas de pagos a sus jugadores y con directivos cuestionados– en contra de un Barcelona con todo y Messi en su mejor forma.

Sí, puede ser una goleada de época, a menos que en un año la oposición encuentre a su Cristiano Ronaldo que sirva de contrapeso a un equipo no sólo bien coordinado y con experiencia, sino considerado amplio favorito, sin olvidar que un solo delantero no es suficiente para ganar un campeonato.

@AReyesVigueras